miércoles, 23 de abril de 2014

Semana Santa en Jaén.


   Introducción

     La Semana Santa de Jaén es la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo a través de las procesiones que realizan las cofradías en esa semana por la ciudad. Además del incuestionable aspecto religioso, que la convierte en el acontecimiento de esta índole más importante de la ciudad de Jaén, la Semana Santa supone un fenómeno de carácter sociocultural, turístico y económico de gran importancia en la ciudad, siendo una de las más bellas de Andalucía y de España, está declarada Bien de Interés Turístico-Cultural Andaluz desde 2006 y Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía.
Tiene lugar durante la semana del primer plenilunio de primavera. Las procesiones comienzan oficialmente el Domingo de Ramos llegando hasta el siguiente domingo, Domingo de Resurrección, procesionando cada día las imágenes que representan la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo sumando en su totalidad 16 hermandades.
La Semana Santa se vive durante todo el año en la ciudad y las Hermandades trabajan día a día en los tres pilares fundamentales que las definen: caridad, culto y formación. Son múltiples las obras asistenciales que las Hermandades y Cofradías realizan en la ciudad y su provincia. La Estación de penitencia o salida procesional es el principal culto externo de las corporaciones pero las Hermandades cuentan con numerosos cultos internos a sus Titulares a lo largo del año.
Los desfiles procesionales de Semana Santa, que transforman la ciudad durante esos días, son el resultado de la evolución durante siglos de las formas, modos y maneras de las cofradías y hermandades compuestas por diversos grupos de personas de distintas índoles laborales, culturales y sociales, donde han influido múltiples factores tanto religiosos, artísticos, sociales e históricos.
             

Historia

 Orígenes

Las primeras cofradías surgen en plena Edad Media, tras la conquista de la ciudad por Fernando III el Santo en 1246. Estas eran muy distintas a las cofradías actuales, tenían fines piadoso-militares y se organizaban para defender la ciudad, ejemplo son las de «San Luis», «San Blas», «Santiago», «San Onofre» o «Santo Tomás». No fue hasta el siglo XVI, cuando la Iglesia, a través del Concilio de Trento, decidió combatir el protestantismo impulsando la creación de tallas y sus salidas procesionales por las calles. Así, las hermandades de pasión o penitencia se consolidaron como asociaciones que veneran la Pasión de Cristo y le rendían culto con una salida procesional. El principal objetivo de las corporaciones era el de socorrer a sus hermanos más necesitados, llevándoles los sacramentos, y asistirlos a la hora de la muerte, realizándose enterramientos en criptas propiedad de las hermandades. En sus comienzos, las cofradías realizaban estación de penitencia a iglesias o conventos cercanos a su templo, siempre en el interior del recinto amurallado.

Las cofradías nacieron en los conventos de las órdenes religiosas que las impulsaban. Así, el 16 de mayo de 1541, se formó la Devota Hermandad de la Santa Vera-Cruz en el Real Convento de San Francisco de Asís, resultado de la propagación que los franciscanos observantes hacían de la «Archicofradía de la Vera-Cruz y del Santo Cristo del Cofalón» fundada por San Buenaventura en Roma en 1264, y que originó algunas de las cofradías más antiguas de Andalucía y España, como las de Sevilla o Baeza. Además, estas cofradías fueron el germen de las que que se fundaron por todo el mundo, observándose similitudes entre ellas. Por su parte, los dominicos fundaron en el Real Convento de Santa Catalina la «Antigua y Primitiva Cofradía de las Angustias y Cinco Llagas de Nuestro Señor Jesucristo» en 1551, siendo está la primera en tener estatutos aprobados por el obispo diocesano. Cinco años más tarde, en 1556, se fundó la «Cofradía y Hermandad de la Transfixión y Soledad de la Madre de Dios» en el monasterio de la Virgen Coronada de los carmelitas calzados, a extramuros de la ciudad como era costumbre en las cofradías de la «Soledad», que en 1579, tras un conflicto con la comunidad religiosa, se trasladó al monasterio de la Trinidad y en 1622 al de San Francisco. Los carmelitas respondieron a la salida de la Soledad de su monasterio con la fundación de la Cofradía del Santo Sepulcro y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo en 1580, cofradía que encargó sus imágenes a Sebastián de Solís. Está nueva cofradía tuvo un importante pleito con la de la Soledad que es el origen de la existencia en la ciudad de dos cofradías de «Santo Entierro», cuya oficialidad se alternan anualmente. A finales del siglo XVI, los carmelitas descalzos fundaron en su convento de San José, la Cofradía de Santa Elena. La última cofradía de penitencia que se fundó en la ciudad durante esta época fue la «Cofradía de los Esclavos del Santísimo Sacramento y Cena del Señor», en 1616 en el convento de la Santísima Trinidad, de la Orden Trinitaria, primero fundado en la ciudad tras la conquista castellana.

Resurgir del siglo XVIII y crisis del XIX

Desde finales del siglo XVII a principios del siglo XVIII la Semana Santa atravesó una profunda crisis, causada por el decaimiento económico y demográfico que conllevó la decadencia de los Austrias, la Guerra de Sucesión y las epidemias. Esto llevó a la desaparición, en favor de la caridad, de cinco de las seis cofradías de penitencia fundadas en la ciudad, excepto la de «Nuestro Padre Jesús Nazareno», antigua de «Santa Elena», que no cesó nunca de realizar estación de penitencia. Con la llegada de la nueva dinastía de Borbón, el país recibió un gran impulso y las cofradías resurgieron con la refundación de algunas desaparecidas y la fundación de nuevas.

En está época destaca el enorme crecimiento de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, debido al gran número de milagros que se le adjudicaban a la imagen del Nazareno. En 1726 fue recuperada la cofradía de la Vera-Cruz, conocida como de las «Siete Escuadras», por los siete pasos con los que hacía estación de penitencia el Jueves Santo. Ese mismo año fue recuperada la Hermandad del Santo Sepulcro, que se adhirió a la Orden de los Servitas y fundó el «Sacro y Real Monte de Piedad». También fue restaurada la cofradía de la Soledad, que tuvo un gran crecimiento gracias a su procesión del Santo Entierro, y, finalmente, en 1727 fue recuperada la «Cofradía de la Cena de Nuestro Señor» que desapareció definitivamente con el convento de la Trinidad en 1837.

En este siglo también se fundaron nuevas cofradías gracias al impulso experimentado. En 1709 se fundó la Cofradía de Jesús entrando en Jerusalén en el convento de las dominicas. También se fundaron otras cofradías de fines benéficos que no realizaban estación de penitencia, como la hermandad del Santo Cristo de la Clemencia, fundada en 1746 en el Real Convento de Santa Catalina; la Cofradía del Santo Cristo de la Buena Muerte, de 1766 en el convento de la Merced; y la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración en 1761 en el Convento de San Francisco, que tras extinguirse con el convento se refundó en 1888.
En el siglo XIX, las cofradías volvieron a sufrir una fuerte crisis a consecuencia de la ocupación francesa y la desamortización. Esto hizo que algunas hermandades tuvieran que abandonar sus sedes y trasladarse a otros templos. Así, la «Vera-Cruz» y la «Soledad», que en esa época estaban fusionadas, se trasladaron desde San Francisco hasta San Ildefonso. Otras como la de la Borriquilla se extinguieron




Siglos XX y XXI

En el siglo XX, durante el gobierno de la Segunda República se experimentó una fase de enfrentamiento social y político que perjudicó la celebración de la Semana Santa. Tras los sucesos de 1931 y 1936, se llevó a cabo un proceso de reconstrucción, para el cual las corporaciones acudieron a distintos autores, como el malagueño Francisco Palma Burgos o el granadino José Navas Parejo, que tallaron las nuevas imágenes que sustituirían a las pérdidas.

Se reorganizaron algunas de las cofradías. La Cofradía de la Buena Muerte lo hizo en 1926, la de la Clemencia en 1945 y la de la Borriquilla en 1946. En esos años se fundaron nuevas hermandades, la de los Estudiantes en 1946, la del Perdón en 1952 y la del Silencio en 1955. En los años 80 la Semana Santa vivió un nuevo resurgir que llevó a la fundación de tres nuevas cofradías en la ciudad, en 1982 la Hermandad de la Estrella y la Cofradía del Resucitado, que se hizo cargo de la procesión del Resucitado creada en 1952 por la Agrupación de Cofradías, en 1984 la Hermandad de la Amargura y la última cofradía fundada en el siglo XX fue la Hermandad de la Santa Cena en 1998. En los primeros años del siglo XXI surgieron varios grupos de cofrades con la intención de fundar nuevas cofradías, tres de los cuales vieron culminado su trabajo con la aprobación de sus estatutos en el año 2012, fueron las hermandades de la Caridad, el Cautivo y el Lavatorio, así mismo, en la actualidad, otros grupos continúan trabajando en distintas parroquias de la ciudad para fundar nuevas cofradías.

En el año 2011, con motivo de la visita a la ciudad de la Cruz de los Jóvenes durante su recorrido para las JMJ de Madrid, se celebró un Vía Crucis con catorce imágenes de cofradías. En junio de 2013, Año de la Fe, se organizó ante la fachada de la catedral una catequesis pública de fe, “Fides Sancti Regni’’, en la que participaron once misterios de once cofradías de la ciudad.




    
         José Luis Siles Peña nº 31.


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