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martes, 6 de mayo de 2014
ONGs de España y del mundo.
martes, 29 de abril de 2014
Capilla de San Andrés.
La Iglesia
de San Andrés y Santa Capilla es una iglesia de la ciudad de Jaén. Es
sede y propiedad de la “Santa Capilla
y Noble Cofradía de la Limpia Concepción de Nuestra Señora”.
Historia
La Iglesia de San Andrés tiene su origen en
el templo mudéjar del mismo nombre. El edificio fue anteriormente una sinagoga judía. En el siglo XIII, se convirtió en parroquia, hasta el año 1843 que desaparece.
En 1515 se funda la Santa Capilla,
gracias a las donaciones de Gutierre González Doncel, tesorero del Papa
León X y protonotario
apostólico. Está consistía en una sala de oración y
culto a la Inmaculada
Concepción y era propiedad de Cofradía de la Limpia
Concepción de Nuestra Señora.
Con la construcción de la capilla y la
adquisición, por parte de la cofradía, de diversos inmuebles aledaños al
antiguo templo parroquial, modificaron la estructura hasta lo que podemos
observar actualmente.
Exterior
Portada
La portada de la calle del Rostro, por la
que se accede a las dependencias de la cofradía, fue realizada en el siglo
XVIII con restos arquitectónicos platerescos. El bajorrelieve central muestra
el abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada de Jerusalén.
Patio
El patio sirve de distribuidor para el
acceso a las distintas dependencias desde la entrada de la Calle del Rostro,
tales como la iglesia, sacristía, Sala de Gobierno y Cabildos, Escuelas y al
enterramiento de Cofrades. Entre la entrada por dicha calle y el patio se
dispone un porche limitado por una breve arcada de dos arcos apuntados
sostenidos por columnas, obra de Francisco Del Castillo El Mozo, y rematado con
magnífico artesonado. Bajo el citado soportal hay un excelente relieve
alegórico a la Inmaculada, obra anónima del siglo XVI y una preciosa fuente.
Asimismo, un hermoso brocal de pozo en cerámica, datado en el siglo XIII.
En el centro del patio figura un pequeño
monumento con busto en bronce del fundador, Gutierre González Doncel,
inaugurado el día 8 de diciembre de 1914, en vísperas de conmemorarse el IV
centenario de la fundación de la Santa Capilla.
Interior
Altar mayor
El presbiterio está presidido por un
retablo de estilo barroco decadente tallado, en el siglo XVIII, por Alonso
Colmenero. Las esculturas, de San Andrés, San Pedro, San Pablo y los ángeles,
las realizó José de Medina y las pinturas Luis de la Barrera. Este retablo
sustituye a uno anterior de Pedro Machuca.6 En la parte alta figura el escudo de armas de Gutierre
González Doncel. Fue terminado en 1754 y ofrece un conjunto severo pero
agradable.
Santa
Capilla y Camarín de la Inmaculada
La Santa Capilla, al igual que la iglesia,
se construyeron guardando el estilo ojival mudéjar, como se puede comprobar en
la arquería de ambas y en la cúpula de la Capilla, de tracería gótica con
arandelas doradas en las juntas. El lucernario está provisto de ocho
ventanales.
Se encuentra cerrado por una magnífica reja
de hierro forjado, estofado y sobredorado en oro, obra del maestro Bartolomé7 hacia 1523, autor, entre otros, de la reja
de la Capilla Real de Granada. Es de estilo renacentista con detalles y calados
que son verdaderos encajes. En el centro de la reja se halla figurado el
misterio de la Inmaculada Concepción con el abrazo de San Joaquín y Santa Ana,
unidos por un ángel, ante la puerta áurea de Jerusalén. En la parte alta figura
el árbol genealógico de la Stma. Virgen María.
El retablo actual es de 1699 y sustituye a
otro antiguo y primitivo de 1523, que había sido traído de Toledo y era
original de Juan de Borgoña, este no incluía el camarín de la Virgen. El nuevo
lo realizó el giennense Andrés Bautista Carrillo por setecientos ducados. Es de
estilo barroco, encuadrado por dos grandes columnas salomónicas enredadas en
pámpanos de vid y racimos en oro. Está coronado por un bello cuadro de la
Inmaculada obra de Ambrosio de Valois, quién también se encargó del dorado del
altar, para lo cual se trajeron de Madrid 98 libras de oro y los colores
necesarios. En 1735 se sustituyó la primitiva talla de la Virgen que había en
el camarín por la actual, realizada por el escultor Felipe de Mesa, además de
los cinco ángeles, la imagen fue estofada y dorada por Francisco de Pancorbo.
Fue colocada en su camarín el día 12 de septiembre de 1736.
Sala
capitular
La sala es el lugar en el que tienen sus
reuniones los miembros de la cofradía. Está presidida por un estrado presidido
por un cuadro anónimo del siglo XVIII de la Inmaculada, a los lados se ubican
sendos retratos de Gutierre González Doncel y del Papa León X. El resto de la
sala está circundada por asientos en todo el perímetro. En las paredes se
representa la historia de San José mediante doce pinturas.
Está cubierta por un artesonado obra
entallador Gutierre Gierero, mismo autor de los que se encuentran en la
sacristía y el soportal de entrada. En la escalera se encuentra un cuadro de la
Piedad, réplica del original de Van Dyck de la Pinacoteca de Múnich.
Sala de
gobierno
En el centro se ubica un cuadro anónimo del
«Cristo del Lagar», alegoría de la Santísima Trinidad, flanqueado por dos
lienzos que representan a San Francisco de Paula y a Santa Rita. En los
laterales se encuentra un cuadro de Santa Bárbara obra de Ambrosio de Valois y
otro réplica de la «Piedad» de Van Dick del Museo Real de Amberes. También
encontramos una reliquia de San Pacífico, enviada desde Roma en 1762 por el
canónigo de Toledo Don Juan de Uraca y una colección de dieciséis libros de
coro de los siglos XVII y XVIII.
FOTOGRAFÍAS
Gerardo Pérez Garbín nº28
Leyenda de "El Abuelo."
La versión más común y difundida por la tradición oral asegura que un atardecer llegó a una casería sita en las cercanías del Puente de la Sierra un venerable anciano que se presentó como un peregrino que recorría el mundo para satisfacer sus devociones y expiar sus culpas. El anciano rogó humildemente al matrimonio de “caseros” que cuidaban de la hacienda, tuvieran la caridad de acogerle bajo su techo por aquella noche, a lo que accedieron con cristiana hospitalidad. Durante un rato mantuvieron animada conversación y como el anciano reparase en un grueso tronco de encina que había depositado en un rincón de la lonja de la casería, exclamó:
-¡Qué hermosa imagen de Jesús se haría de él!...
Y al instante propuso a los caseros que si le llevaban el tronco a una tranquila dependencia de aquella casa, se comprometía a tallar la imagen durante la noche, siempre que no le molestasen y le dejasen solo con su labor.
Así se hizo. Se llevó el tronco a una habitación alta de la casería y tras dejarle una parca cena y un candil recién cebado, cerraron la puerta retirándose el matrimonio a sus aposentos.
Una vez amanecido y al observar que avanzaba el día y el anciano huésped no daba señales de vida, luego de sucesivos intentos de fisgar por las rendijas de la puerta y de aguzar el oído sin escuchar rumor alguno, se forzó la puerta de la estancia, advirtiendo con sorpresa que el anciano había desaparecido y que en el centro de la habitación resplandecía una conmovedora imagen de Jesús Nazareno.
Se aceptó tan prodigioso hecho por milagro del cielo, llevando la imagen al convento de los PP. Carmelitas Descalzos, donde pronto fue centro de la devoción de los fieles. Y en recuerdo del prodigio a la casería se la empezó a conocer por “Casería de Jesús”.
Otra versión, también radicada en la misma casería, asegura que una noche los operarios del molino aceitero de viga anejo a la casería advirtieron que el mulo que se uncía al aparejo del rulo que trituraba la aceituna, se mostraba inusitadamente inquieto. Sin alcanzar la posible causa, los molineros trataron de apaciguarlo y entonces el mulo dio una tremenda coz sobre el muro, que se vino abajo dejando ver una pequeña estancia en la que había una imagen de Jesús Nazareno alumbrada por una lámpara de aceite.
Sobre ambas leyendas la imaginación popular ha introducido diversas variantes queriendo así justificar el origen de la imagen. La única base sobre la que se forjó la leyenda es el hecho cierto y documentado de que tal casería fue propiedad, desde 1751, de los PP. Carmelitas Descalzos, por donación testamentaria de Dª María Leonarda de Lamas. Luego, a comienzos del siglo XIX, pasó a la familia Montoro-Arias. Uno de sus descendientes, don Antonio Montoso, en su testamento otorgado en 1893, dejó impuesta una carga sobre la renta de la casería para costear una fiesta con jubileo a la imagen de Jesús Nazareno de la que era muy devoto. Y de ahí vino el nombre de “Casería de Jesús”, que aún perdura y que ha dado origen a la leyenda.
Esperanza Montero Jaén nº24.
Leyenda de Úbeda.
El Cristo de los Cuatro Clavos
En la Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares (enlazar) existe un Cristo ennegrecido de talla románica, que destaca por el singular arqueo de su cuerpo hacia un lado. Es el Cristo más antiguo de la ciudad y, dicen, que su edad se iguala con los milagros que sus devotos afirman ha obrado. El más conocido, aquél por el que luce ese cuerpo torcido, es el de "las escrituras de la viuda".
En el año 1850, una mujer llamada Catalina enviudó. Por esta época era usual que el esposo, antes de morir, dejase a su mujer a cargo de algún familiar, normalmente un hermano suyo, como así ocurrió. Pero en esta ocasión, el esposo pidió a su mujer que no se casara con él.
Nada más fue enterrado, el hermano del muerto, Miguel, ya hacía proposiciones a su cuñada. La joven mujer conocía sobradamente la fama de bebedor y vividor del hermano de su difundo marido. Recordando la promesa a su esposo y pensando la vida que aquel hombre le daría, se negó enérgicamente a otras relaciones que no fueran las propias de dos cuñados. Sin embargo, Catalina tuvo que soportar el constante y pesado cortejo del hermano de su marido. Tras las continuas negaciones, por parte de Catalina, Miguel ideó un plan para obligarla a contraer matrimonio con él.
Un día, Miguel se coló en la casa de su cuñada con la intención de robarle la escritura de propiedad de la vivienda. Ésta la escondió detrás de la imagen del Cristo de los Cuatro Clavos. Seguidamente, fue al juzgado a denunciar a su cuñada, con la idea de que, al verse desahuciada y desesperada, tomase su mano en matrimonio.
Tras la denuncia, se presentó el juez con dos alguaciles en la casa de Catalina. Tras pedirle las escrituras, ésta buscó por toda la casa pero no las encontró. Cuando los alguaciles se la llevaban detenida hacia los juzgados, Catalina pidió entrar en la iglesia de San Pedro (en la cual se encontraba el Cristo y que hoy permanece cerrada), con la intención de que el Cristo de los Cuatro Clavos obrase un milagro.
Una vez frente a la imagen, mientras Catalina rezaba con la cabeza agachada, empezó a escuchar un crujir de maderas. Levantó la vista y vio cómo el cuerpo del Cristo se arqueaba hacia la derecha y dejaba caer al suelo las escrituras. Miguel se quedó mudo y, ante el miedo a la divinidad, confesó al juez lo que había hecho. Por ello, el juez ordenó su detención.
Esperanza Montero Jaén nº24
Curiosidades del Cristo de la Buena Muerte.
Hace 54 años, esta cofradía se fundó, y año tras año, al aproximarse la época de la Semana Santa se realizan diferentes actos para celebrar esta época tan importante para los cristianos.
El primer acto que surge, es la Junta General, se celebra unos 20 días antes a la Semana Santa, y en ella se eligen los Hermanos Mayores y Menor de ese año.
El sorteo de estos hermanos, se realiza introduciendo en tres bolsas diferentes los números de los hermanos que quieren participar en el sorteo y que forman parte de esta cofradía. Por un lado los varones mayores de 18 años, por otro las féminas mayores de edad y por otro todos los menores de 18 años. El número se saca por “una mano inocente” al azar. Se hace igual con los Hermanos Mayores y Menor.
En total, se sacan nueve números. Los tres primeros números, uno de cada bolsa, son los Hermanos Mayores y el Hermano/a Menor. Después se sacan otros dos números más de cada bolsa para que sean primer y segundo suplente de cada cargo.
A la semana siguiente de realizar este sorteo, se celebra un Triduo en honor a la Santísima Virgen de la Amargura, comienza el miércoles de esa semana, y termina el viernes. El sábado es la Fiesta en Honor a los titulares de la cofradía, en la que se realiza la entrega de estandartes. Los Hermanos Mayores del año anterior, dejan su cargo y lo entregan a los nuevos Hermanos Mayores. Esta fiesta, concluye con una invitación de los nuevos Hermanos Mayores a los hermanos de la cofradía.
El salir elegida como Hermana Mayor, es una satisfacción enorme y un privilegio, el tener durante un año el Estandarte de la cofradía en tu casa y el poder representar a tu cofradía durante el año en todos los actos religiosos que se celebran en nuestro pueblo.
Un día después del Viernes de Dolores, se celebra el Pregón de Semana Santa, en la que deben asistir todos los Hermanos Mayores de todas las cofradías del pueblo.
El principal acto al que deben acudir los Hermanos Mayores y el Hermano/a Menor, es a la procesión de las dos imágenes titulares de la cofradía. Esta procesión, se celebra el Viernes Santo a las 15:00 de la tarde. Previamente a la procesión, la agrupación de cornetas y tambores de la cofradía, recoge al Hermano Mayor en su casa. Después recogen a la Hermana Mayor. La banda de infantiles, recogen a su Hermano/a Menor.
Después de haber recogido al Hermano Mayor, a la Hermana Mayor y al Hermano/a Menor, se dirigen a la iglesia.
A la noche de este mismo día, es la Procesión General, en al que salen todos los pasos de la Semana Santa.
Una vez pasada la Semana Santa, los Hermanos Mayores de todas las cofradías, acompañan al Santísimo, en sus dos procesiones, único lugar en toda España, en que el Santísimo, procesiona dos veces: Una procesión el día del Corpus Cristi, y otra el Domingo de la Fiesta de Mozos, en Septiembre.
Esperanza Montero Jaén nº24
miércoles, 23 de abril de 2014
Semana Santa en Jaén.
Introducción
La Semana Santa de Jaén es la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo a través de las procesiones que realizan las cofradías en esa semana por la ciudad. Además del incuestionable aspecto religioso, que la convierte en el acontecimiento de esta índole más importante de la ciudad de Jaén, la Semana Santa supone un fenómeno de carácter sociocultural, turístico y económico de gran importancia en la ciudad, siendo una de las más bellas de Andalucía y de España, está declarada Bien de Interés Turístico-Cultural Andaluz desde 2006 y Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía.
Tiene lugar durante la semana del
primer plenilunio de primavera. Las procesiones comienzan
oficialmente el Domingo de Ramos llegando hasta el siguiente
domingo, Domingo de Resurrección, procesionando cada día las imágenes que
representan la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo sumando en su
totalidad 16 hermandades.
La Semana Santa se vive durante todo el año en la ciudad y
las Hermandades trabajan día a día en los tres pilares fundamentales que las
definen: caridad, culto y formación. Son múltiples las obras asistenciales
que las Hermandades y Cofradías realizan en la ciudad y su provincia. La
Estación de penitencia o salida procesional es el principal culto externo de
las corporaciones pero las Hermandades cuentan con numerosos cultos internos a
sus Titulares a lo largo del año.
Los desfiles procesionales de Semana Santa, que transforman
la ciudad durante esos días, son el resultado de la evolución durante siglos de
las formas, modos y maneras de las cofradías y hermandades compuestas por
diversos grupos de personas de distintas índoles laborales, culturales y
sociales, donde han influido múltiples factores tanto religiosos, artísticos,
sociales e históricos.
Historia
Orígenes
Las primeras cofradías surgen en plena Edad Media, tras
la conquista de la ciudad por Fernando III el Santo en 1246.
Estas eran muy distintas a las cofradías actuales, tenían fines
piadoso-militares y se organizaban para defender la ciudad, ejemplo son las de
«San Luis», «San Blas», «Santiago», «San Onofre» o «Santo Tomás». No fue hasta
el siglo XVI, cuando la Iglesia, a través del Concilio de Trento,
decidió combatir el protestantismo impulsando la creación de tallas y
sus salidas procesionales por las calles. Así, las hermandades de pasión o
penitencia se consolidaron como asociaciones que veneran la Pasión de
Cristo y le rendían culto con una salida procesional. El principal
objetivo de las corporaciones era el de socorrer a sus hermanos más
necesitados, llevándoles los sacramentos, y asistirlos a la hora de la muerte,
realizándose enterramientos en criptas propiedad de las hermandades. En
sus comienzos, las cofradías realizaban estación de penitencia a iglesias o
conventos cercanos a su templo, siempre en el interior del recinto amurallado.
Las cofradías nacieron en los conventos de las órdenes
religiosas que las impulsaban. Así, el 16 de mayo de 1541, se formó
la Devota Hermandad de la Santa Vera-Cruz en el Real Convento de San
Francisco de Asís, resultado de la propagación que los franciscanos
observantes hacían de la «Archicofradía de la Vera-Cruz y del Santo Cristo
del Cofalón» fundada por San Buenaventura en Roma en 1264, y que
originó algunas de las cofradías más antiguas de Andalucía y España, como las
de Sevilla o Baeza. Además, estas cofradías fueron el germen de
las que que se fundaron por todo el mundo, observándose similitudes entre
ellas. Por su parte, los dominicos fundaron en el Real
Convento de Santa Catalina la «Antigua y Primitiva Cofradía de las
Angustias y Cinco Llagas de Nuestro Señor Jesucristo» en 1551, siendo está la
primera en tener estatutos aprobados por el obispo diocesano. Cinco años
más tarde, en 1556, se fundó la «Cofradía y Hermandad de la Transfixión y
Soledad de la Madre de Dios» en el monasterio de la Virgen Coronada de
los carmelitas calzados, a extramuros de la ciudad como era costumbre en
las cofradías de la «Soledad», que en 1579, tras un conflicto con la comunidad religiosa,
se trasladó al monasterio de la Trinidad y en 1622 al de San Francisco. Los
carmelitas respondieron a la salida de la Soledad de su monasterio con la
fundación de la Cofradía del Santo Sepulcro y Resurrección de Nuestro Señor
Jesucristo en 1580, cofradía que encargó sus imágenes a Sebastián de
Solís. Está nueva cofradía tuvo un importante pleito con la de la Soledad
que es el origen de la existencia en la ciudad de dos cofradías de «Santo
Entierro», cuya oficialidad se alternan anualmente. A finales del siglo XVI,
los carmelitas descalzos fundaron en su convento de San José,
la Cofradía de Santa Elena. La última cofradía de penitencia que se
fundó en la ciudad durante esta época fue la «Cofradía de los Esclavos del
Santísimo Sacramento y Cena del Señor», en 1616 en el convento de la Santísima
Trinidad, de la Orden Trinitaria, primero fundado en la ciudad tras la
conquista castellana.
Resurgir del siglo XVIII y crisis del XIX
Desde finales del siglo XVII a principios
del siglo XVIII la Semana Santa atravesó una profunda crisis, causada
por el decaimiento económico y demográfico que conllevó la decadencia de
los Austrias, la Guerra de Sucesión y las epidemias. Esto llevó
a la desaparición, en favor de la caridad, de cinco de las seis cofradías
de penitencia fundadas en la ciudad, excepto la de «Nuestro Padre Jesús
Nazareno», antigua de «Santa Elena», que no cesó nunca de realizar estación de
penitencia. Con la llegada de la nueva dinastía de Borbón, el país
recibió un gran impulso y las cofradías resurgieron con la refundación de
algunas desaparecidas y la fundación de nuevas.
En está época destaca el enorme crecimiento de
la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, debido al gran número de
milagros que se le adjudicaban a la imagen del Nazareno. En 1726 fue
recuperada la cofradía de la Vera-Cruz, conocida como de las «Siete
Escuadras», por los siete pasos con los que hacía estación de penitencia
el Jueves Santo. Ese mismo año fue recuperada la Hermandad del Santo
Sepulcro, que se adhirió a la Orden de los Servitas y fundó el «Sacro
y Real Monte de Piedad». También fue restaurada la cofradía de la Soledad,
que tuvo un gran crecimiento gracias a su procesión del Santo Entierro, y,
finalmente, en 1727 fue recuperada la «Cofradía de la Cena de Nuestro Señor» que
desapareció definitivamente con el convento de la Trinidad en 1837.
En este siglo también se fundaron nuevas cofradías gracias
al impulso experimentado. En 1709 se fundó la Cofradía de Jesús entrando
en Jerusalén en el convento de las dominicas. También se fundaron
otras cofradías de fines benéficos que no realizaban estación de penitencia,
como la hermandad del Santo Cristo de la Clemencia, fundada en 1746 en
el Real Convento de Santa Catalina; la Cofradía del Santo Cristo
de la Buena Muerte, de 1766 en el convento de la Merced; y
la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración en 1761 en el Convento
de San Francisco, que tras extinguirse con el convento se refundó en 1888.
En el siglo XIX, las cofradías volvieron a sufrir una fuerte crisis
a consecuencia de la ocupación francesa y
la desamortización. Esto hizo que algunas hermandades tuvieran que
abandonar sus sedes y trasladarse a otros templos. Así, la «Vera-Cruz» y la
«Soledad», que en esa época estaban fusionadas, se trasladaron desde San
Francisco hasta San Ildefonso. Otras como la de la Borriquilla se
extinguieron
Siglos XX y XXI
En el siglo XX, durante el gobierno de la Segunda
República se experimentó una fase de enfrentamiento social y político que
perjudicó la celebración de la Semana Santa. Tras los sucesos
de 1931 y 1936, se llevó a cabo un proceso de reconstrucción,
para el cual las corporaciones acudieron a distintos autores, como el
malagueño Francisco Palma Burgos o el granadino José Navas
Parejo, que tallaron las nuevas imágenes que sustituirían a las pérdidas.
Se reorganizaron algunas de las cofradías. La Cofradía
de la Buena Muerte lo hizo en 1926, la de la Clemencia en
1945 y la de la Borriquilla en 1946. En esos años se fundaron
nuevas hermandades, la de los Estudiantes en 1946, la del
Perdón en 1952 y la del Silencio en 1955. En los años
80 la Semana Santa vivió un nuevo resurgir que llevó a la fundación de tres
nuevas cofradías en la ciudad, en 1982 la Hermandad de la Estrella y
la Cofradía del Resucitado, que se hizo cargo de la procesión del
Resucitado creada en 1952 por la Agrupación de Cofradías, en 1984 la Hermandad
de la Amargura y la última cofradía fundada en el siglo XX fue
la Hermandad de la Santa Cena en 1998. En los primeros años
del siglo XXI surgieron varios grupos de cofrades con la intención de
fundar nuevas cofradías, tres de los cuales vieron culminado su trabajo con la
aprobación de sus estatutos en el año 2012, fueron las hermandades de la
Caridad, el Cautivo y el Lavatorio, así mismo, en la actualidad,
otros grupos continúan trabajando en distintas parroquias de la ciudad para
fundar nuevas cofradías.
En el año 2011, con motivo de la visita a la ciudad de
la Cruz de los Jóvenes durante su recorrido para las JMJ de
Madrid, se celebró un Vía Crucis con catorce imágenes de
cofradías. En junio de 2013, Año de la Fe, se organizó ante la fachada de
la catedral una catequesis pública de fe, “Fides Sancti Regni’’,
en la que participaron once misterios de once cofradías de la ciudad.
lunes, 24 de marzo de 2014
Pequeños rincones de Jaén: San Antonio de Padua.
En la Plaza
de los Jardinillos de nuestra ciudad, Jaén, se encuentra el pequeño convento de
San Antonio de Padua. Este edificio sirve de capilla y pertenece a una
comunidad de Religiosas Siervas de los Pobres. Según un relato del deán Mazas
(figura destacada dentro del panorama social, político y religioso jiennense,
siendo el más famoso de los deanes de la ciudad) hubo aquí un refugio de pobres
ancianos Fue fundado alrededor del siglo
XVI, aunque posteriormente se hicieron algunas modificaciones como su portada
que data del Siglo XIII.
Probablemente hayamos pasado muchas veces por dicho,
sin prestar mucha atención a un pequeño rinconcito que hay en el lateral dedicado
a San Antonio de Padua.
Vamos a conocerle un poco. Fernando Martim de
Bulhoes e Taveira Azevero, nació en Lisboa en 1195 y murió en Padua en 1231.
Provenía de una familia de la aristocracia y fue fraile, predicador y teólogo.
Inicialmente fue monje agustino en Coímbra, para después convertirse en fraile
franciscano. Tuvo la oportunidad de escuchar a Francisco de Asís en persona y
su convicción, cultura y talento como predicador fue tal, que recibió una carta
de Asís para que enseñase Teología a los frailes. Fue comisionado por el para
luchar contra la propagación de la herejía cátara en Francia. Se trasladó más
tarde a Bolonia y a Padua.
Sus mensajes desafiaban los vicios sociales de su
tiempo, en forma especial la avaricia y la práctica de la usura. Según los
escritos de la época, sus últimas predicaciones tuvieron un éxito popular
notable. Aquejado por continuas enfermedades, perseveraba en la enseñanza y en
la escucha de confesiones hasta la puesta del sol, a menudo en ayunas. La
multitud de gente que acudía desde las ciudades y pueblos a escuchar las
predicaciones diarias lo obligó a abandonar las iglesias como recintos de
prédica para hacerlo al aire libre.
Después de la Pascua de 1231, Antonio se retiró a la
localidad de Camposampiero, pero decidió retornar a Padua poco después. Ya en
las proximidades de Padua, se detuvo en el convento de Arcella donde murió
prematuramente cuando todavía no alcanzaba la edad de treinta y seis años.
Es considerado el patrón de las mujeres estériles,
pobres, viajeros, albañiles, panaderos y papeleros. Se le invoca para encontrar
objetos y pedir un buen esposo/a. En Portugal, Brasil, España, Perú, México y
otras partes de Hispanoamérica, es reconocido como el santo de los matrimonios
y el día de su fiesta (13 de junio), las muchachas solteras tienen la costumbre
de comprar una pequeña imagen de San Antonio y colocarla al revés hasta que
hayan encontrado un buen marido.
Esperanza Montero Jaén nº24
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